Semana 10 – Colonia Ferronales

15 marzo 2016
Semana 10 – Colonia Ferronales

Hoy les presento lo que llaman el museo urbano en Aguascalientes: la colonia Ferronales.

Es una colonia que ha perdurado con la esencia de la industria ferrocarrilera. Una colonia tranquila, hermosa, ordenada, distinguida por sí misma.

Tiene su inicio alrededor del año 1897 cuando la compañía del Ferrocarril Central Mexicano comenzó a construir en esta ciudad los Talleres de Construcción y reparación de Material Rodante.

El Gobierno cedió a la empresa un terreno cercano a la Hacienda de Ojocaliente. Comenzó la construcción y con ello un conjunto habitacional para albergar al personal directivo y técnico de la empresa de origen estadounidense. Este conglomerado residencial se conoció mucho tiempo como Colonia Americana o Colonia de los gringos. En 1914, los estadounidenses abandonaron las casas.

Esta colonia fue construida de manera anárquica, es decir, sin visión, ni regulaciones, por lo que las calles son amplias, no tenían reglas para ajustarse a un tamaño, lo que verdaderamente caracteriza a esta colonia de las demás son las casas. Es una típica casa suburbana estilo americano. La casa ocupa el centro del predio, están construidas de madera, se rodea de jardines, techos a dos aguas, chimeneas, sótanos, áticos.

También conocidas como casas  tipo chalet, hacen juego perfecto con los eucaliptos enormes, las bugambilias, las calles empedradas, los amplios jardines, las cercas de madera, y como sonido de fondo los ladridos de los perros guardianes.

Leí que, años atrás, se había hablado de la posibilidad de realizar gestiones para convertir esa zona en Patrimonio de la Humanidad, y con ello distinguir la hermosura y esencia particulares del lugar, pero al parecer el tema no ha sido retomado.

¿Qué lo hace formar parte de mi lista?

Es un lugar en el que me imagino viviendo. Las casas me parecen la combinación perfecta: una casa hogareña, un jardín amplio y lleno de flores, la tranquilidad que a la vez te brindan las demás casas que comparten el ambiente. Un lugar que con el simple hecho de caminar por ahí puedes poner en práctica tus sentidos: contagiarte de los colores, tocar la madera de las vallas, escuchar una fuente. Para mi es la típica casa que dibujaba de niña, con el humo saliendo por la chimenea, con su «techo en pico», como yo lo llamaba, en un cuento hecho colonia.

Las bugambilias han formado parte de mi vida, son las flores de la abuela, las que había por su casa, por su calle, las que tenía que limpiar todos los días, quitarle las hojas secas de alrededor. Al verlas aquí me provoca un sentimiento de añorar estas casas, como si en algún momento la hubiera tenido, trayendo de regreso a personas que por ahora no puedo volver a ver.

Caminamos mientras el sol iba desapareciendo, lo cual nos brindó una hermosa luz, un hermoso atardecer. Tomamos algunas fotografías para deleitarte con algunos detalles:

Pero si no has visitado esta colonia, creo que ya es hora de que lo vayas haciendo.

Con todo cariño, la hidrocálida: Lidia. Fotografías por: Aldo Romo y Lidia C
Lidia Di Romo